Como un ovillo de lana me encojo,
hasta que todas las partes de mi cuerpo se entrelazan entre si,
nunca olvidaré esa fría mañana de invierno.
El sol no había salido cuando tú volvías,
oliendo a algo más que a ese perfume que tanto me gustaba.
De repente, algo en tu cabeza explotó y como consecuencia la mía.
El niño, un muñeco con vida, dormía plácidamente ajeno a la situación,
vete, vete de mi vida, vete lejos de este lugar.
Nuevamente, mi cabeza volvió explotar,
creo que la pared no tiene la culpa.
Una y otra vez mi cuerpo rebotaba contra ellas,
como si de un peluche se tratara.
Me duele, me dueles,
me encojo, me (en)coges,
Silencio...
- Mami, ayer aprendí algo en el cole, LOS HOMBRES NO PEGAN -
Náriël Curnamo.

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