domingo, 4 de noviembre de 2012

El jardín de las espinas

Horas, minutos, segundos.
El reloj va marcando,
poco a poco,
palabras, miradas, caricias,
signos de que todo esto
sigue siendo un misterio para mi.

Sueños,
sueños en los que la alegría
tiene claramente el poder.

Besos morados,
miradas verdes, azules, amarillas.

Silencio,
alarmante silencio con el grito ahogado
por el dolor producido por la espina de una rosa... roja,
roja como la sangre que emana de mi dedo,
roja como la manzana envenenada de blancanieves,
roja como el amor.

Tu susurro,
aliento de vida que se duerme en un cojín
con un libro verde en la mano.

Sonrisas reflejadas en el espejo de la casa del jardín,
esa, en la que deje caer mis rojas gotas,
rojas, rosas rojas, que ahora son sólo eso amor,
sangre.


Náriël Curnamo



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