Como el mosquito que soñaba con tener cientos de brazos que picar,
a los que poder chupar la sangre,
consiguiendo con ello un placer inigualable,
dejando su huella por donde pasa,
caminando sin ser visto, ni siquiera percibido,
tirando la piedra y escondiendo la mano.
¿Y qué le vamos a hacer?,
si en definitiva sólo intentan imitarnos.
Náriël Curnamo.

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