Mueves los labios dejando ver una sonrisa
que me hace saber que te hago feliz.
El aliento va negándose poco a poco a salir por tu boca,
dejando en silencio la habitación,
un silencio, que aún no alcanzo a creer.
Atrás quedaron las interminables llamadas siete veces al día,
esas que ahora se resumen en treinta segundos.
Nunca pensé que llegaría a echarlas tanto de menos.
Me miras, y se me cae el alma al suelo.
Tus miradas, contienen mensajes encriptados que me da miedo descifrar.
Ausencia, miradas perdidas, sueño, mucho sueño...
Y mientras tú sueñas,
yo le pido a esa estrella azul poder tenerte siempre conmigo.
Le pido volver a mi niñez y que me cantes el "luna lunera" una vez más.
Poder estar acurrucada en tus brazos, sabiendo que nada malo puede pasar.
Es entonces cuando vuelvo y me choco de bruces con la realidad,
y me conformo con acurrucarme a tu lado en la cama y mirarte a los ojos
mientras tu mente y tú, vagáis entre dos mundos.
Pero llegado el momento, no tengas miedo... despliega tus alas tranquilo,
porque para mi, siempre serás un gran ángel.
Mi ángel.
Náriël Curnamo.
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