jueves, 22 de noviembre de 2012

Mi compás de amalgama

Miro mi vida a través de tus pentagramas.

Suelo soñar compases de amalgama
que ni yo misma sé exponer.

Las risas de cinco niños,
deshojando ocho margaritas...

Me quiere, no me quiere,
Me quiere, no me quiere.

Pétalos que caen al brillo del sol.

En un rincón,
la arena de mi reloj va cayendo lentamente,
y me doy cuenta
de que sólo tengo cinco minutos para soñar despierta.
 
Miro los pétalos que siguen cayendo
sigilósamente movidos por el viento,
cinco niños deshojando ocho margaritas,
al ritmo de los latidos de tu corazón.

Titi, Titi, Titi, Titi, Titi,
llevabas razón cuando decías que te provoco taquicardias.

Despierto,
con mi cabeza en tu pecho,
tu mano en mi espalda,
la arena de mi reloj se acaba...

A veces suelo soñar compases de amalgama.


Náriël Curnamo



martes, 13 de noviembre de 2012

Yo, mi, me, conmigo y mi locura.

Adicta a la persuasión de tus labios,
siento la intensidad del humo de tu cigarro en mi boca,
mmm... saboreo,
mi lengua arde entrelazada a la tuya.

Abro los ojos,
tu mirada me penetra, tiembla mi interior.

Llueve,
llueven lágrimas que lloré, y que se cuelan en tu piel
como en las capas de una cebolla.

Abres tus poros, sientes cómo el sudor sale de tu interior.

Nervios, miedo,
calor, frío,
¡Qué complejidad de contradicción!

Me miras,
me miras como mira un psicópata
al fiambre que acaba de matar al borde de una escalera.

Mi autopsia, secreto de sumario,
revela sentimientos,
estrecho dolor ligado al miedo, temor,
locura transitoria,
querer comerte, pasión al sentirte,
luces...

Somos dos pequeñas polillas que van a la luz,
de ahí que nos choquemos.

Entrelacemos nuestras alas...
luz....
color...


Náriël Curnamo

domingo, 4 de noviembre de 2012

El jardín de las espinas

Horas, minutos, segundos.
El reloj va marcando,
poco a poco,
palabras, miradas, caricias,
signos de que todo esto
sigue siendo un misterio para mi.

Sueños,
sueños en los que la alegría
tiene claramente el poder.

Besos morados,
miradas verdes, azules, amarillas.

Silencio,
alarmante silencio con el grito ahogado
por el dolor producido por la espina de una rosa... roja,
roja como la sangre que emana de mi dedo,
roja como la manzana envenenada de blancanieves,
roja como el amor.

Tu susurro,
aliento de vida que se duerme en un cojín
con un libro verde en la mano.

Sonrisas reflejadas en el espejo de la casa del jardín,
esa, en la que deje caer mis rojas gotas,
rojas, rosas rojas, que ahora son sólo eso amor,
sangre.


Náriël Curnamo